sábado, 21 de agosto de 2010

Sobreexposición mediática: Caso "Zafrada"

Investigación realizada por:


Carolina Blanche, Vania Burton, María José Calderón, Estefani Carrasco, Valeria González, Hernán Quiróz y Mónica R. Oyanadel


para el curso de Derecho a la Información de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile


2010








Introducción
De todos los rostros que se mostraron después del terremoto, el más expuesto fue el del Zafrada. Este pequeño de sólo ocho años llamó la atención de la comunidad, e inmediatamente los medios de comunicación quisieron tenerlo en sus pantallas y páginas de diarios. Siendo el reflejo del dolor y sufrimiento al tiempo que conservaba su inocencia y ternura –características notadas por el equipo periodístico de “La Tercera TV”-, este niño representó la esperanza para muchos y la instancia de probar lo bueno que podían ser los chilenos en tiempos de crisis. Al acrecentar la tragedia su precaria situación económica, muchos programas televisivos se colgaron de él para “dar el ejemplo y solidarizar con el desprotegido” regalándole así todo lo que quisiera el pequeño. No obstante ¿tantas atenciones mediáticas pueden afectar la percepción de realidad y recursos a un menor de ocho años cuando tenga que enfrentar la falta de atención?


La información sensacionalista, mostraba imágenes crudas sin un filtro editor presentando a la audiencia un reality de la catástrofe. Dolor, miedo y tragedia eran la tónica de las noticias entregadas durante las primeras horas y a modo de relleno se entregaban datos duros –estadísticas, formas de ayudar, planes de seguridad, etc.- esto con marcados fines comerciales puesto que el morbo les entregaba mas rating al tiempo que justificaba la cadena de donaciones (o promociones) de las grandes empresas.


Fue por ésta revolución mediática que decidimos analizar este caso y ver cómo fue el tratamiento dado por los medios en aspectos como el lenguaje, estereotipos y la sobreexposición del niño. Analizamos dos medios masivos de comunicación: el diario Las Ultimas Noticias y el canal Mega desde el 8 de marzo hasta el 15 de abril contando el número de portadas acaparadas por Víctor Díaz y sus apariciones en programas televisivos.




Análisis




Uso del lenguaje
Víctor Díaz terminó siendo conocido como Zafrada, debido a la manera en que se refirió a las frazadas de la entrega humanitaria. Esta forma de nombrarlo, así como se ha hecho con variados personajes de la farándula nacional, de alguna manera termina estigmatizándolo. El apelativo con el que quedó marcado tiene que ver con una incapacidad, una equivocación o falta de aprendizaje respecto del uso del lenguaje. Esto, de por sí, puede ser considerado peyorativo y estigmatizante.


“Cuando los medios de comunicación nombran a niños y adolescentes infractores de ley, como “menores delincuentes”, “niño pistolero” o “banda de hampones”, los condenan con el lenguaje a una condición estática, que no contempla posibilidad de integración social. Al utilizar un lenguaje respetuoso, centrado en niños y niñas, se comienza a construir una imagen que abre la posibilidad al cambio, a la transformación. Las expresiones peyorativas y descalificadoras refuerzan estereotipos excluyentes y atentan contra la dignidad de las personas” .


Por medio del lenguaje empleado se crea una imagen mental en la conciencia colectiva que degrada a menores como el Zafrada a la condición de objetos, a la de productos negociables, que se pueden ridiculizar, y caricaturizar, otorgándole la identidad que los medios de comunicación masivos les asigna sin derecho a apelación.




Estereotipación
Las expresiones peyorativas y descalificadoras refuerzan estereotipos excluyentes y atentan contra el respeto a la dignidad de las personas que el periodismo debería mantener en su ejercicio. Se han utilizado calificativos que oscilan entre lo simpático y lo grotesco, entre lo tierno y lo ofensivo. El desdén es validado, y estandarizado. La sociedad es insensibilizada, y dejamos de tomar el peso a la abrumadora realidad que enfrentan los pequeños. Los hechos son adulterados; prueba de ello es como se utiliza el lenguaje en posesión de la prensa para reproducir rumores y chismes, al decir por ejemplo que los padres han sido recompensados con creces por exhibir a su hijo, o que hasta el mismo niño se beneficia de su imagen cobrando por ser fotografiado.


Ejemplo del proceso de estandarización es la creación de centenares de grupos en redes sociales tan masivas como Facebook; la existencia de un sinnúmero de sitios Web asociados al Zafrada; el uso majadero y persistente de la programación de los canales, desde los matinales, los noticieros, y los programas transmitidos en Prime Time crean una aceptación global o asimilación creciente de los estereotipos y prácticas desdeñosas.


Según el Presidente del Consejo de Nacional de Televisión, Herman Chadwick, cada tragedia cuenta con un símbolo que la identifica. El caso de Zafrada presenta, por su parte, un gran número de elementos que permiten cumplir con ese objetivo, puesto que “la niñez posee una capacidad de conmovernos que sólo alcanzamos a dimensionar cuando el sufrimiento, la tristeza o la miseria aparecen ante nosotros a través del rostro de un niño.” En efecto, el menor habita una de las localidades más afectadas, en donde no sólo se perdieron viviendas, establecimientos educacionales y fuentes laborales, si no también esperanzas y la promesa de una existencia más próspera.


Los medios de prensa se encuentran en la necesidad de informar en un corto lapso de tiempo a una masiva audiencia sobre el acontecer de una nación. Aquí es importante recalcar, tal y como el código de ética del colegio lo señala, que el periodista debe entregar una información responsable de los hechos, o lo que también es llamado principio de veracidad en el mismo texto.


Sin embargo, es frecuente que se genere un conflicto entre el derecho de la ciudadanía a ser informada, expresar su posición frente a los hechos, y el deber de los mismos periodista, cumpliendo con su rol de intermediario, a resguardar los derechos de la misma cuando se ve involucrada en una situación de esta magnitud; especialmente cuando se trata de un menor de edad, cuyos derechos de intimidad, privacidad y honor, no son equiparados muchas veces a los de un adulto. “Los niños, niñas y adolescentes son miembros de nuestra sociedad y poseen los mismos derechos que los adultos, en tanto su condición de sujetos. Respetarlos significa también no infantilizar sus opiniones” .


El hecho de que Víctor Díaz sea un menor de edad, perteneciente, además, a un espectro de lo sociedad más desprotegido, y limitado por un exiguo patrimonio que le impide hacer frente a las circunstancias cambiantes con el mismo aplomo y entereza que los sectores acomodados; lo sustentan como un icono sumamente representativo, atractivo, pero del mismo modo explotable, y aprovechable. “Cuando se llevan una o dos semanas mostrando tragedias, evidentemente se necesita un elemento noticioso distinto, y este niño cumplía con todos esos requisitos. Sin duda que era un elemento explotable.”


“Donde hay un desequilibrio de poder existe un espacio potencial para la explotación. Los niños y adolescentes no tienen los conocimientos ni la experiencia para tomar una decisión.” Las condiciones de los niños y de los agentes periodísticos no son las mismas. La aparición de Víctor Díaz es valiosa en tanto produzca más hechos noticiosos, controversiales, y redituables que sean captados por una amplia recepción. No obstante, el niño no parece tener derecho aquí a decidir la extensión de su participación, ni de reconocer en su totalidad el escarnio al que pueda estar siendo sometido, ni de la caricaturización o deshonra de la que es objeto muchas veces por el sensacionalismo de la prensa, ni mucho de menos de cesar su intervención a voluntad.


La presencia de los progenitores tampoco es enteramente favorable, en particular por la etapa de estrechez y penuria que vive el grupo familiar. Aunque existan las mejores intenciones por parte de los padres, su inexperiencia y el desconocimiento de ellos en la relación con los medios de comunicación, posibilita la incontenible sobreexposición de Víctor. “En medio del dolor, de la desesperación, al verse escuálidos en el tema del dinero, vislumbran de que eso les va a dar beneficios personales” Mientras tanto, para los sectores de la prensa que amparan el morbo, adoptan una posición acomodaticia respaldándose en la legalidad de sus actos.


“La gente que es usada por los medios de comunicación, es porque quiere usarse o ser usada, porque alguien puede decir que no. Ahora un niño no puede decir que no, pero su madre puede decir que no puede” Esta criterio no hace más que constatar la incomprensión y la frialdad con la que se desarrolla el periodismo en una lógica mercantil y funcional a los poderes fácticos.


Después de todo, son los padres los que tienen la facultad de resolver hasta qué punto es expuesto el Zafrada, y estando o no en conocimiento del impacto mediático, serían ellos los únicos responsables de los perjuicios ocasionados al pequeño. Asimismo, el acierto periodístico, y la posibilidad de que hasta en el ámbito político sea levantado como un estandarte de la calamidad, justificarían el atropello y una sarta de injurias comprendidas en el efectismo. El hilo de la noticia de desvanece progresivamente los dicterios y los rumores sin confirmar priman por sobre la humanitaria causa de solidarizar a los damnificados y víctimas del terremoto.


Desprovistos de un asesor o un guía, tanto Víctor Díaz como sus padres no gozan de un auténtico espacio para refutar, negar, o dar a su verdad si los medios de comunicación lo juzgan como lesivos para sus intereses informativos, y por supuesto, no son los suficientemente lucrativos. Este principio rige fundamentalmente cuando nos referirnos al medio de difusión más masivo: La Televisión. “Al convertir a este niño en un verdadero icono del momento, insistiendo una y otra vez en hablar con él, en obsequiarle cosas (algunas valiosas y otras poco prácticas), se corre el riesgo de convertirlo en un monstruo de la tele y, en definitiva, se le puede hacer un daño incalculable. El periodista puede y debe informar de su existencia, pero debe cambiar de tema en algún momento prudente y dejarlo que siga viviendo su vida de siempre. ”






Problemas derivados en la libre expresión del periodista
Del estudio del caso podemos desprender los siguientes problemas que imposibilitan un correcto uso de la información por parte de los medios:


Exacerbación de la libertad de expresión
El caso de Víctor Díaz demuestra cómo algunos medios cruzan la línea entre lo público y lo privado. Durante el mes de marzo y parte de abril se explotó y vulneró la imagen inocente del infante con el fin de vender portadas en diario y tener rating en la televisión. No existe un límite fijo en la relación entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad: ambos derechos se coordinan en forma flexible, pero es el derecho a la información el que siempre ha de comprimirse en beneficio del segundo . Al tener un gran carisma y atrayente personalidad, Víctor Díaz se convirtió en un icono de la tragedia levantado por medios cómo Mega y Las Últimas Noticias. Estos medios nacionales se valieron de la ternura del pequeño y se inmiscuyeron en asuntos ajenos a la catástrofe del 27 de febrero.


Portadas cómo: “Zafrada Cobra Mil Pesos por Foto” evidencian la visión del medio de sólo mostrar al niño como una figura más de la farándula y no como un pequeño con opinión. En otra publicación del mismo diario se exacerba la emotividad que provoca Víctor cuando le regalan una casa en un programa de televisión. Muchas veces, los periodistas se esmeran en mostrar y describir detalles que no son relevantes, salvo para escandalizar a la opinión pública o incrementar la morbosidad, olvidando que estos “dramas” son siempre la expresión de un problema mucho más complejo que aqueja a la sociedad en su conjunto . El 21 de marzo se publicó como portada: “Zafrada se reencontró con su viejo amor”. Al fin y al cabo lo que le importaba al medio fue mostrar la intimidad del muchacho, que le gustaba, que hacía o no en el colegio, etc. Menos enfatizar la falta de ayuda hacia el resto de los damnificados.


El querer sobreexponer y vender la imagen es no tener conciencia de lo que significa la vida de un niño (inventando cosas) . El derecho a la información se limita cuando el derecho a la intimidad se vulnera o se pasa a llevar. La vida de Víctor, después de tanto revuelvo en los medios, tendrá repercusiones.


Dignidad de las personas en contexto de catástrofe
El periodista debe mantener un incuestionable respeto a la dignidad y vida privada de las personas, evitando invadir su intimidad con las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías (…) En especial respetará la intimidad de las personas en situación de aflicción o dolor, evitando las especulaciones y la intromisión gratuita en sus sentimientos y circunstancias


Del estudio se vislumbra un abuso de los medios de su condición audiovisual para resaltar el dolor de las víctimas del desastre natural. Muchos programas se peleaban la participación de Víctor en sus paneles. A través de la pantalla chica podían mostrar más de cerca y de manera más verosímil la ternura del pequeño.


Pero, lamentablemente el morbo es lo que más vende en estos días, y cada programa de TV que tenía a Zafrada intentaba hacerlo llorar para emocionar a los televidentes. Por ejemplo los constantes primeros planos que se le hacen cuando comienza a llorar luego de que Luis Jara le regala una casa en el programa ¿Sabes más que un niño de quinto básico?


Al utilizar un lenguaje respetuoso, centrado en niños y niñas, se comienza a construir una imagen que abre la posibilidad al cambio, a la transformación. Las expresiones peyorativas y descalificadoras refuerzan estereotipos excluyentes y atentan contra la dignidad de las personas.


Por el lado de los medios escritos también hubo falta a la dignidad del menor. “En LUN ha salido una pila de cosas que no son ciertas. Cuando uno llama para dar una noticia próspera, no la ponen, pero cahuines sí, y eso no me gusta” . Este medio enfatizaba mucho la intimidad de Víctor, pero también lo estigmatizaron y estereotiparon a través del lenguaje. Ahora Víctor Díaz siempre será recordado por su mala forma de pronunciar.


“Sería un poco una exageración decir bullying, pero el niño fue acosado de alguna manera por sus compañeros (no era algo que se podía contener porque era un fenómeno mediático, los niños son crueles cuando están en el colegio). (…), lo único que ahora quiere es que le digan Víctor y no Zafrada”


Disyuntiva entre la expresión infantil y la sobreexposición de los niños


La aparición del menor Víctor Díaz en los medios nacionales puso nuevamente en discusión la compleja cobertura periodística en el mundo infantil. El uso de niños en programas televisivos se ha convertido en una práctica habitual a la hora de ejemplificar una situación o hecho contingente –actualmente no es extraño encontrar menores clamando por un trabajo para sus padres en matinales- y que, como expresa el libro Comunicar sin dañar los niños tienen la capacidad de emocionarnos fácilmente.


La Convención de los Derechos del Niño vino a cambiar la imagen que se tenía del infante convirtiéndolo de un objeto de protección a un sujeto de derecho (y por tanto con igual libertad para expresarse socialmente) no obstante, en la praxis se sigue observando una consideración nimia al mundo infantil. Para la representante de Unicef Francisca Palma, “los niños no son considerados como sujetos activos de la sociedad, sino como sujetos pasivos a los que yo educo, alimento” y esto se vislumbra notablemente al ver las entrevistas que se les realiza a estos; cuando no aparecen como víctimas se les muestra respondiendo preguntas simples y especificadas –del corte sí o no- , siendo casi nulas las instancias en las que se les permite expresar su visión del mundo. Como sujeto de derechos los niños debiesen tener la misma oportunidad de dar a conocer su opinión y contribuir al progreso de su entorno, dejando atrás la careta cargada de sentimentalismos y victimizaciones, en palabras de Palma “Los niños deberían tener una vocería proporcional a su número tal como en el mundo de los adultos”


Ahora bien, es aquí donde aparece el dilema de cómo convalidar positivamente las expresiones infantiles en los medios sin dañar ni sobreexponer a los menores, pues, “los adultos son capaces de decidir qué tipo de participación desean tener en los medios de comunicación y de tomar decisiones informadas respecto al alcance de su colaboración. –Pero- los niños y adolescentes no tienen los conocimientos ni la experiencia para tomar una decisión de este tipo” Es por ello que siempre debe existir la autorización y el control de un adulto responsable que oriente al menor, pero, ¿basta solo con ello? En el caso Víctor Díaz los padres autorizaron su uso, el mismo periodista del diario analizado, Lun, Juan Morales, lo admite y se justifica en el hecho “Ellos –padres- son los responsables y nosotros cumplimos con pedir a ellos la autorización para hacer la nota. No transgredimos nada. Yo, personalmente, si tuviese un hijo no dejaría que mi hijo estuviese expuesto así, porque conozco el medio” Por lo que cabe cuestionarse, si basta con la supervisión de un adulto a la hora en que el niño se enfrenta al medio. Según el libro Educar sin Dañar los periodistas deben tener en consideración el punto de vista del niño, orientándolo y explicándole su participación con el fin de tener la aprobación de éste y obviamente tener las precauciones éticas que le permitan no caer en estigmatizaciones ni daños posteriores al infante. Para el Presidente del Colegio de Periodistas, Abraham Santibáñez, los medios deben informar y potenciar la visión infantil pero a su vez deben detenerse en el momento prudente para no caer en reiteraciones que conviertan una buena nota en llorosa y lastimera .






Sensacionalismo v/s su información coyuntural
Una de las problemáticas importantes que contiene este caso va mucho más allá de lo que vemos a simple vista en el reportaje a nuestro protagonista Víctor Díaz. Lo que consideramos central en este asunto es la manipulación sensacionalista de los medios en desmedro de la información coyuntural que se necesita en un contexto de catástrofe, como lo fue el terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero pasado.


Pepe Guixé en el programa Teleonce al despertar, inauguraba lo que hoy conocemos como reporteros. En aquel espacio de la década de los ’80 se nos informaba como forma de denuncia la existencia de hoyos en la calle para que las autoridades los arreglaran. Fue de esta manera que se generó en el público una visión de la prensa, y más aún de la televisión, como una plataforma que brinda soluciones rápidas a los problemas que los aquejan.


En las palabras de Francisca Palma, Directora comunicacional de UNICEF en Chile, esta situación se refleja con una lógica muy clara y repetitiva por lo demás: “si yo salgo en la tele, se me arregla la vida. Si ustedes se dan cuenta en ningún albergue muestran que diga la gente lo que tiene, sino lo que les falta. La tele ha hecho que a ti te la pongan y tu digas algo que no tienes y que quieres porque en una de esas alguien se conmueve y te llega un cheque” Es un círculo vicioso. A los medios de comunicación les conviene vender su producto y lo hacen, a veces, denunciando aspectos de interés público. A las personas les satisface la solución rápida que les ofrece la plataforma televisiva y, por último, a las autoridades les apetece quedar bien frente a futuros electores. La resolución de los problemas del momento por uso plataforma masiva puede ser o no condenable, pero, para Pablo Gándara, el periodista que entrevistó a Víctor Díaz por primera vez, al vivir una situación como la que él y su familia estaban pasando, las cosas toman otra perspectiva: “En medio del dolor, de la desesperación, al verse escuálidos en el tema del dinero, vislumbran de que eso les va a dar beneficios personales, plata. Estaban dispuestos a hacer muchas cosas, además que era su hijo. A través de sus palabras (según lo que ellos dicen), se había traído ayuda al pueblo, entonces se sentían sustentados en esa posición”


Los medios de comunicación tienen principalmente una función mediadora entre el público y las autoridades: los periodistas y los medios de comunicación social son importantes agentes socializadores . En el caso de Víctor no fue así. Es una visión un tanto contradictoria, pero los medios de comunicación en este caso pasaron de ser entes mediadores a verdaderas instituciones de beneficencia que deseaban a toda costa responder a las necesidades del Zafrada. De esta manera, el gobierno o las autoridades quedan rezagados a un segundo plano. Esta posición la comparte Marcelo Araya, editor del programa Mucho Gusto de Mega. Según su opinión, “Chile está mediatizado […] En realidad no debiéramos estar cumpliendo este rol. Debiéramos estar informando, interpretando los hechos, pero de pronto, la misma sociedad, la carencia, la deficiencia, de determinadas instituciones, te obligan a ti a cumplir un rol en el cual haces activar la institucionalidad”


Sin embargo, desde esta excesiva preocupación por las necesidades que Víctor pudiese tener, pasaron a hostigarlo y a convertirlo en un verdadero festín de los programas más faranduleros. Rápidamente todo se convirtió en una frenética carrera para conseguir el llanto del niño frente a las cámaras. Esta situación nada tiene que ver con la opinión de Pau Pérez, quien piensa como vital en la superación de una situación así la respuesta de los medios de comunicación y el respeto a la intimidad de los supervivientes . Para la psiquiatra es fundamental esta cierta lejanía con los que prefiere llamar sobrevivientes. Todo tiene que ver con una lógica de adaptación a la nueva realidad a la que se enfrentan estas personas. Considera el respeto a la dignidad de las personas como un factor determinante en las consecuencias personales y sociales que puede dejar la catástrofe .


El Colegio de Periodistas no se aleja de esta posición. En su código de ética se establece claramente que el periodista debe mantener un incuestionable respeto a la dignidad y vida privada de las personas, evitando invadir su intimidad con las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. […]En especial respetará la intimidad de las personas en situación de aflicción o dolor, evitando las especulaciones y la intromisión gratuita en sus sentimientos y circunstancias. Como vemos, en la práctica, este punto no se cumplió, al menos en este caso.






Conclusión
Del análisis del caso Víctor Díaz podemos desprender que fue una exacerbación de la libertad de expresión. Demuestra la poca regulación y autorregulación de los medios escritos y de la televisión para acercarse e informar sobre aquellos casos donde se han vulnerado los derechos de los niños. Podemos arriesgar a decir que los medios vulneraron el derecho a la intimidad de Víctor Díaz. Que sus padres, quizás por ser de bajos recursos e inocencia acerca de las consecuencias en el niño, sobreexpusieron a su hijo a una serie de situaciones que los medios crearon para subir el rating (historias anexas como aquella de la enamorada del niño, o su participación en programas, o la recepción de regalos) y que tuvieron a Víctor Díaz disfrutando de la fama a costa, querámoslo o no, de su dolor.


Es necesario preguntarse si como periodistas consideramos a la persona que tenemos al frente en el momento de prender la cámara y grabar. Y en este caso, si es que los periodistas se hicieron la pregunta respecto del niño, de si quizás era demasiado estímulo y exposición para él. La respuesta que encontramos luego de preguntar a los que hicieron las notas periodísticas es que fueron los padres los que autorizaron la realización de éstas, así es que se cumplió con tener la venia del adulto responsable. ¿Es esto suficiente? ¿Quién protege al niño de la posible irresponsabilidad de sus padres de sobreexponerlo?


Una respuesta la podemos encontrar en el documento “Comunicar Sin dañar”, emanado de la ONG Raíces, en el cual se hace una reflexión respecto de las diferencias que existen entre el acercamiento de los periodistas hacia los adultos y hacia los niños. Cuando un periodista entrevista a un adulto existe la preocupación de investigar y de recabar la mayor cantidad de información para contrastar posibles datos falsos que puedan existir. Todo esto para evitar una posible querella por injurias o calumnias. ¿Nos preparamos debidamente cuando entrevistamos a un niño o adolescente? Es evidente que no. El niño no tiene los recursos legales (éstas acciones dependen de la voluntad de los padres) para entablar una querella o demanda si es que su intimidad, por ejemplo, ha sido vulnerada.


El caso estudiado partió como una nota de carácter humano donde el niño se abrió y mostró su sensibilidad respecto de la destrucción de su pueblo después del terremoto y maremoto del 27 de Febrero de 2010. Hasta ese momento consideramos que está dentro de los límites de la nota humana dentro del contexto de la tragedia. Sin embargo, en algún momento los medios ampliaron las notas periodísticas hacia otros ámbitos de su vida (su polola o enamorada por ejemplo) que no estamos seguros si eran atingentes al propósito inicial. En este sentido, nos parece correcto señalar que la manera en que los medios se acercan al drama humano es en muchos casos morbosa y que saca provecho de las emociones que en cámara puedan expresar los entrevistados. Esta fórmula, al parecer, estaría siendo importada del fenómeno del reality show que tanto vende y sube rating.

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