Un recorrido por la historia
Sus ojos se cristalizan al recordar su pasado. Acostada en su cama viaja hacia el pasado y recuerda su historia. Es un relato de pobreza, de tristeza y de una vida llena de imaginación. En palabras llenas de emotividad la señora Baldramina Soto evoca su infancia.
Al preguntarle con respecto a la radio, ella se sienta sobre su cama: la radio era muy entretenida. Confiesa que aún continúa escuchándola y que la prefiere antes que a la televisión. Con evidente emoción recuerda que sus programas favoritos eran historias que seguían día a día y que ahora prefiere música antigua.
La radio la conocí cuando tenía aproximadamente 8 años. En ese tiempo ella y su hermana no se perdían programas como el Séptimo de Línea y el Doctor Mortis. De pronto sus ojos se oscurecen. A su mente llegan recuerdos que probablemente no quiere retener. Sube su mirada y dice era nuestra única entretención, en todas las casas era de la misma manera.
Entonces todo cambia. Su rostro de la nada comienza a demostrar la edad que se encontraba oculta tras su sonrisa. Nada vuelve a ser como antes. Quiere relatar algo más. El primer sentimiento que se me viene a la mente al recordar mi infancia es la pobreza. Nosotros éramos una familia pobre. Sufríamos de muchas incomodidades para vivir. Yo no podía ir al colegio, porque no cumplía la edad y asistía como oyente. Con mi hermana, la Gladis, desayunábamos y almorzábamos en el colegio. Mis padres estaban separados y mi mamá trabajaba todo el día. Cuando llegábamos del colegio una señora nos vigilaba.
Para ella esta entrevista es algo más que eso. Significa quizás dejar un testimonio de lo que ella fue, de las personas que conoció y que ya no están. Sueño con ellas constantemente, con mi mamá que murió cuando yo tenía 18 años. Hace más de 2 años que no dejo de pensar en todo eso.
Le preguntamos sobre su relación con el mundo exterior y revela algo espeluznante. Cuando tuve 12 años recién descubrí el mundo fuera de las cuatro cuadras de mi sector. Conocí la Alameda junto a mi hermana. Mi único contacto con el exterior era la radio. A través de ella imaginaba cómo era la vida en el resto de Santiago.
Para nosotros, que nos consideramos la generación de las tecnologías, esta realidad nos parece algo distante. Sin embargo, para ella era algo bastante natural, incluso cuenta que a la señora que nos cuidaba le gustaba el cine. Con mi hermana teníamos que recolectar huesos en la calle y vendérselos a un caballero para poder entrar a la galería del Teatro Monumental. Cuando llegábamos a casa, mi mamá nos decía que nos fuéramos a bañar porque veníamos inmundas. Años sin duda difíciles para ella, para sus vecinos, para el entorno que ella conocía. La imaginación sustentaba su conocimiento del mundo y sus esperanzas.
Finalmente señala yo no sabía de lo que era una navidad o un año nuevo. No celebrábamos nada porque no teníamos cómo hacerlo. Nunca tuvimos los medios para entretenernos y en ese sentido, la radio era nuestra única compañía, la forma que teníamos de relacionarnos con las paredes externas de nuestra casa. Verdades externas, realidades lejanas para nuestra generación. Personas mayores que hoy se olvidan y que a pesar de eso confían en un par de jóvenes estudiantes de periodismo con preguntas que poco tuvieron que ver con la enseñanza que obtuvieron en su trabajo final.
viernes, 28 de mayo de 2010
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