Por: Mónica R. Oyanadel
Si bien la delincuencia es sólo una parte de la violencia que se conoce como delictual o criminal, toma relevancia en nuestro país tras aparecer sistemáticamente como una de las principales preocupaciones de la ciudadanía en todos los estudios de opinión pública. Los resultados de este año de la encuesta CERC confirma esta aseveración ya que muestra claramente que la delincuencia ocupa el primer lugar entre los problemas prioritarios para la ciudadanía, con un 50%. Lo siguen el desempleo (37%) y la salud (30%). Pero lo que alerta realmente es que tienen un asidero real.
Las denuncias por delitos de mayor connotación social (DMCS), como lo son los robos con violencia, robo con fuerza, violación, homicidio, lesiones y hurto; han tenido un considerable aumento. A partir del año 1995 las denuncias comenzaron a aumentar de forma progresiva hasta llegar a un máximo en el año 2003, que correspondió a 2191,8 denuncias por delitos de mayor connotación social por cada cien mil habitantes (diagnóstico seguridad ciudadana, 2004). Últimamente, se tiene conocimiento que un informe del Ministerio del Interior aclaró que se observa un incremento de la tasa de denuncias por DMCS de 6,3%, subiendo de 608,7 acusaciones por cada cien mil habitantes a 647,1.
Todo esto ha llevado a que los gobiernos se preocupen cada vez más de este fenómeno para así poder crear formas para enfrentar el problema. Aunque no siempre es necesaria una buena implementación de los recursos para poder hacerlo. La delincuencia cambia de forma, evoluciona y la inadecuación del sistema de justicia penal a este proceso, no permite una acción efectiva.
La “puerta giratoria” es otro mal necesario de erradicar dentro de las gestiones institucionales. Se evita tratando con mayor rigidez no tan solo los casos de gran expectación pública, como lo son los homicidios y los grandes golpes. Debe existir un trabajo preventivo de las policías y tribunales para que las condenas sean realmente en desmedro del delito cometido. Son justamente los delitos que no tienen penas mayores, los que generan más percepción de inseguridad en la ciudadanía.
Además de lo anterior, las cárceles son hoy en día una escuela delictual más que un real escarmiento por las fechorías realizadas. No es extraño escuchar que las bandas de estafa a través de los celulares son comandadas a través de la misma cárcel. Las sanciones son tan pequeñas, al igual que las multas, que no suponen una reinserción social verdadera.
Entonces las soluciones son variadas para poder enfrentar de manera exitosa este gran problema ciudadano. Primero que todo, las acciones que lleve a cabo la autoridad deben ser evaluadas de manera constante para poder crear y mantener en el tiempo, políticas de calidad.
Fomentar la vida de vecindario para crear nexos recomunicación entre un habitante y otro, son factores intimidantes a la delincuencia. En la ciudad de San Carlos, Ñuble, se optó por un sistema en donde cada casa pega en su ventana un cartel que dice: “ojo: yo vigilo la casa de mi vecino”, teniendo como resultado que las tazas de asaltos al interior de las casas han disminuido hasta casi desaparecer de la ciudad.
La violencia vivida día a día en las casas de nuestro país es un factor de riesgo importantísimo. Si bien no todos están expuestos a un acto de intimidación físico o psicológico de un integrante a otro, sí nos vemos enfrentados a lo que nos presenta tanto la TV como los videojuegos o incluso Internet. Todo esto hace que la violencia se retribuya con aún más violencia. Por todo esto, es necesario también, que continúe funcionando de manera activa los programas que las policías han llevado a cabo en estos últimos años.
Por último, la falta de apropiación de los espacios públicos como plazas, parques o canchas; todos los lugares que se encuentran en notable abandono, hacen que estos sean de los delincuentes por la noche. Una inversión en estos lugares, con iluminación y actividades recreativas y culturales constantes, harían que esto no fuera posible.
Todas estas medidas no son posibles por la grave pasividad tanto de la población misma como del gobierno por su falta de inversión para estas causas. La comunidad se esconde en sus casas, las que anteriormente eran casas con jardines hermosos, se encuentran hoy encerradas en una seudo cárcel. La delincuencia no sólo roba bienes materiales, también se lleva de sus víctimas el sentimiento de seguridad que todos deberían tener, así como reza la canción de Victor Jara: El derecho de vivir en paz.
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